BIM como entorno de toma de decisiones, no como herramienta de modelado.

En muchos proyectos industriales, BIM todavía se entiende principalmente como una herramienta de modelado.

Una forma de representar la geometría, los sistemas de coordenadas y detectar colisiones antes de la construcción.

Esa interpretación no es incorrecta.

Pero está incompleto.

Cuando BIM se reduce a mera representación, su función se limita a la visibilidad. Muestra cómo se relacionan los sistemas en el espacio, identifica sus puntos de intersección y facilita la coordinación entre disciplinas.

Esto es valioso.

Pero eso no cambia la forma en que se toman las decisiones.

En entornos industriales complejos, el verdadero desafío no reside únicamente en visualizar el sistema.

Se trata de comprender cómo interactúan las decisiones dentro de ese sistema a lo largo del tiempo.

Un modelo puede mostrar relaciones.

No define cómo deben evaluarse esas relaciones.

Esta distinción a menudo se pasa por alto.

Los proyectos pueden alcanzar un alto nivel de coordinación geométrica, pero seguir teniendo dificultades con la alineación a un nivel más profundo. Los sistemas encajan en el modelo, pero la lógica que subyace a su configuración puede no reflejar completamente los requisitos operativos, normativos o de rendimiento a largo plazo.

En esos casos, BIM se convierte en una capa de verificación.

No es un marco de decisión.

Para ir más allá, es necesario entender BIM de una manera diferente.

No como una herramienta que se aplica después de que se toman las decisiones, sino como un entorno donde las decisiones toman forma.

Este cambio comienza por reconocer que los modelos no son solo representaciones del diseño.

Son contenedores de información.

Cada elemento contiene datos relacionados con el rendimiento, las restricciones, la secuenciación y la interacción con otros sistemas. Cuando esta información se estructura adecuadamente, el modelo se convierte en algo más que una simple referencia visual.

Se convierte en una plataforma para evaluar alternativas.

Por ejemplo, un sistema mecánico no se define únicamente por sus requisitos espaciales.

También se define por el flujo de aire, el consumo de energía, el acceso para el mantenimiento y el cumplimiento de las normas medioambientales.

Una solución estructural no se trata solo de la distribución de la carga.

Influye en la flexibilidad del diseño, la instalación de equipos y las modificaciones futuras.

Cuando estas variables se incorporan al modelo, las decisiones pueden evaluarse en contexto.

No como respuestas técnicas aisladas, sino como parte de un sistema más amplio.

Aquí es donde BIM comienza a funcionar como un entorno para la toma de decisiones.

En lugar de preguntarse si los sistemas son adecuados, los equipos pueden evaluar cómo las diferentes configuraciones afectan al rendimiento, el coste, la secuenciación y el riesgo.

En lugar de identificar los conflictos después de que ocurren, pueden anticipar dónde es más probable que las interacciones generen fricción.

Esto no elimina la complejidad.

Pero lo hace más visible en el momento adecuado.

El momento oportuno es crucial.

En muchos proyectos, BIM se introduce después de que ya se han tomado decisiones clave. En esa etapa, el modelo refleja las decisiones en lugar de informarlas.

Se convierte en una herramienta de coordinación y validación.

Su capacidad para influir en los resultados es limitada.

Cuando BIM se integra en una etapa temprana, su función cambia.

Facilita la estructuración de las decisiones desde el principio.

Permite a los equipos explorar escenarios, poner a prueba hipótesis y comprender las implicaciones antes de que se establezcan restricciones definitivas.

Organizaciones como el Instituto Nacional de Ciencias de la Construcción han destacado la importancia de utilizar BIM no solo para la coordinación, sino también para mejorar la toma de decisiones a lo largo del ciclo de vida de un proyecto.

Del mismo modo, Autodesk destaca BIM como un proceso que conecta datos y disciplinas, lo que permite tomar decisiones más informadas en lugar de simplemente una mejor visualización.

Sin embargo, como ocurre con cualquier herramienta, el resultado depende de cómo se utilice.

Un modelo puede contener mucha información y aun así no ser capaz de respaldar decisiones significativas si esa información no está estructurada con un propósito.

Aquí es donde la metodología cobra relevancia.

Definir qué información se necesita, cómo se organiza y cómo se utiliza para evaluar alternativas forma parte del proceso.

Sin esa estructura, BIM corre el riesgo de convertirse en un repositorio de datos en lugar de un marco para la obtención de información valiosa.

Otro aspecto importante es que la toma de decisiones en los proyectos industriales rara vez es lineal.

Implica concesiones.

Mejorar una variable puede afectar a otra. Optimizar el rendimiento puede aumentar los costes. Reducir el riesgo en un área puede generar limitaciones en otra.

El entorno de toma de decisiones debe permitir que estas disyuntivas se comprendan con claridad.

Cuando se utiliza de forma eficaz, BIM puede contribuir a ello haciendo explícitas las relaciones.

Proporciona un espacio donde se pueden evaluar conjuntamente las consideraciones técnicas, operativas y financieras.

Pero, de nuevo, esto requiere intención.

Requiere que los equipos utilicen el modelo no solo como una representación, sino como una herramienta de razonamiento.

En este contexto, el valor de BIM no reside en el modelo en sí.

Se manifiesta en las conversaciones que propicia.

Crea un punto de referencia común donde las distintas disciplinas pueden alinear sus perspectivas, poner a prueba sus suposiciones y tomar decisiones con mayor claridad.

Esto es especialmente relevante en entornos industriales, donde los sistemas son altamente interdependientes y el coste de una desalineación es significativo.

Cuando BIM se utiliza como entorno de toma de decisiones, facilita la integración.

Cuando se utiliza únicamente como herramienta de modelado, facilita la coordinación.

La diferencia entre ambos no es técnica.

Es conceptual.

Y esa distinción tiene implicaciones directas en la forma en que evolucionan los proyectos.

Los proyectos que utilizan BIM principalmente para la representación tienden a depender de la corrección una vez que los conflictos se hacen visibles.

Los proyectos que utilizan BIM como entorno de toma de decisiones están mejor preparados para anticipar esos conflictos y reducir su impacto.

Con el tiempo, esto influye no solo en la eficiencia, sino también en la previsibilidad.

Afecta a la forma en que se gestionan los riesgos, cómo se asignan los recursos y cómo los resultados se ajustan a las expectativas.

Para los equipos que operan en contextos industriales complejos, esta distinción es fundamental.

Porque el valor de BIM no se mide por el nivel de detalle del modelo.

Se mide por la calidad de las decisiones que el modelo respalda.

Fuentes:

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